Aventuras en el país de la psicopatía
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Tuesday, May 22, 2012
Sonó el teléfono. Era la voz de un extraño, que dijo: «usted me ha ofendido». Colgó. Yo seguí haciendo mis tareas (preparaba una disertación sobre el somormujo común para la asociación ecologista de Pinares de Entretiempo) sin prestar mucha atención al suceso. Volvió a sonar el teléfono. Era la misma voz de antes, que repitió: «usted me ha ofendido». Antes de que pudiera contestar, había colgado de nuevo. Qué gente más rara hay por el mundo, pensé. Sonó otra vez el teléfono. «Usted me ha ofendido», repitió la voz. «¿Cómo lo he ofendido, si ni siquiera lo conozco?», me dio tiempo a preguntar esta vez. «Muy sencillo», contestó la voz: «ignorándome».
Monday, May 21, 2012
Se declaró la guerra y en una oficina de reclutamiento se presentó una mujer para alistarse. El ejército no acepta mujeres, arguyó el oficial al mando. Pero es que estoy embarazada, contestó ella: llevo dentro de mí un soldado que quiere servir al país. Este gesto tan profundamente estúpido fue pronto de dominio público y enardeció a los hombres, que corrieron a alistarse para morir en el frente y dar buen ejemplo a la juventud que todavía no existía.
Sunday, May 20, 2012
—Es raro haber ganado MálagaCrea —le digo a Herralde en una céntrica calle de mi imaginación. —¿Qué? ¿Quién eres tú? —pregunta él mirando con recelo la mano que mantengo extendida con la esperanza de que me dé un euro o dos. —Soy Míchel Noguera. —¿Pero no eras calvo? —No, ése es otro Noguera: Miguel. —Ah. ¿Es un familiar? —Me vendría bien, que está triunfando, pero no. Yo soy secreto; como los buenos. —Ya, eso dicen todos. —Oiga, que acabo de ganar MálagaCrea. —¿Y eso que es? —Pues un certamen literario. —No me suena. —Da igual, lo de menos es su importancia objetiva. Para mí tiene valor porque lo perseguí durante ocho años. Se había convertido en mi Moby Dick particular. En esa chica que siempre te dice que no hasta que una noche se emborracha y acaba en la cama contigo. —Curioso que pases de una ballena a una mujer. —No me líe, era por completar con otro tipo de persecución. —Como quieras. El caso es que tengo prisa; me esperan al otro lado de la ciudad. —No puede ser, que estoy imaginando esto yo. —Míralo así: tienes una imaginación realista y por eso tengo una importante reunión editorial. Hemos descubierto a un joven autor con un futuro esplendoroso. Ya verás cuando leas su novela, te va a encantar. —Bueno, me la podría imaginar y terminamos antes, ¿no? —No exageres, no tienes tanta imaginación. Adiós, me marcho corriendo. —¿Y qué pasa conmigo? Yo quería hablar de la extraña sensación de ganar algo que ya habías dado por perdido. De pensar todo el rato que han cometido un error, que cómo vas a ganar tú, si eso es imposible. De sentirse un impostor. —Otro día, Noguera, otro día.
Saturday, May 19, 2012
He soñado con un monstruo, le dice ella. Era un gusano que me quería parasitar, quería entrar en mi cuerpo para anidar y tener sus asquerosas crías. Pero yo no le dejaba, ¿sabes? Luchaba a brazo partido con él, me retorcía, lo golpeaba una y otra vez. Al final, lo derroté. Lo aplasté con mis propias manos y no quedó más que una masa sanguinolenta. Tú sí que sabes qué decirle a un hombre después de follar, contesta él.
Friday, May 18, 2012
Y usted qué vende, me preguntan, pero siempre ha sido mi problema más importante: no saber que esto, todo esto, es un gran negocio y que hay que saber venderse. Yo no serviría para escritor famoso, pues no sabría qué decir en las entrevistas. De qué escribe usted, me preguntarían. No sé, de las cosas que hay en mi cabeza, contestaría yo. ¿Y son...? Ah, si yo lo supiera.
Thursday, May 17, 2012
Decide actualizar la agenda del teléfono móvil y borrar los números de las personas con las que ya no tiene contacto. Después de haber borrado tres o cuatro, encuentra uno que no reconoce, guardado bajo el nombre: «La mujer de mi vida». Qué raro, piensa. ¿Quién será y por qué no lo recuerdo? ¿Sería alguna chica que apuntó su número en un algún despiste mío para que lo encontrara luego y la llamara? ¿Lo apuntaría yo en alguna noche de juerga de la que no recuerdo nada? ¿Será una broma de algún amigo? Duda durante unos segundos si borrarlo o llamar y finalmente opta por darle un toque, sin más. Que me llame si quiere y me aclare todo esto, piensa. Y en algún lugar, una chica recibe una llamada perdida de «El hombre de mi vida».
Wednesday, May 16, 2012
Suena Centro de gravedad permanente, de Franco Battiato, en la galería de arte en la que conozco a Sofía. Estoy mirando un cuadro en el que aparece Adolf Hitler como un Cristo redentor. Hitler tiene el pelo largo, pero peinado con su característico flequillo. Mira al frente con una expresión que, creo, pretende ser beatífica y desafiante al tiempo. Una chica morena con peinado a lo garçon me aborda de pronto. —Hola, ¿qué te parece? —me pregunta—. Es mío, pero puedes opinar sin miedo. Prometo no tomar represalias. —Ah, pues es interesante —titubeo—. Creo que expresa mucho. —Traducción: «no sé qué decir; no tengo ni puta idea de lo que significa esto que estoy mirando». —Es otra forma de decirlo, sí, pero menos elegante. —Pero más sincera. —El poeta es un fingidor, que decía Pessoa —contesto. —Y así les va. Yo creo que el arte tiene que ser sincero. —Vaya, ¿entonces eres ultraderechista? —No lo soy. A mí me interesa el nazismo como fenómeno pop. Los mítines nazis y las chicas que lloraban histéricas por los Beatles no son cosas tan diferentes. Hitler además es un gran elemento de transgresión. El arte también es provocar. —El arte es lo contrario de la indiferencia, ya veo. —Eso es. La indiferencia es la vida cotidiana, el gris de los días que pasan por el barrio sin que suceda absolutamente nada. El arte es revolver, que diría mi madre; aunque ella jamás lo diría con respecto al arte, claro, que le queda muy lejos. —Así que te dedicas a provocar. —Básicamente. ¿No te parece bien? —me pregunta con una sonrisa burlona. —Me parece muy loable. No seré yo quien abogue por la tranquilidad y las buenas costumbres. —Estoy preparando una Última Cena con Hitler como Jesucristo y los ministros nazis en el lugar de los apóstoles. ¿Te gustaría verla? —Claro. —Vale, vamos a mi estudio. Cogemos un autobús, aunque no está lejos. Durante el breve trayecto nos estudiamos con atención. Es una chica muy bonita, de aspecto grácil y movimientos elegantes. Ocho años de ballet, me contará más tarde. —¿Sabes una cosa? —me dice de pronto—. Tienes aspecto semita. —¿De judío? —No, de árabe. —No me consta serlo. —O quizá de afgano.
El estudio en el que vive es puro caos, como corresponde. La cama está sin hacer y hay un cenicero lleno de colillas junto a ésta. Ropa en los rincones. Bocetos sobre una mesa. Polvo por doquier. —Perdona el desorden —dice. —No te preocupes —contesto cortésmente—. Resulta todo muy bohemio. —Hindenburg llamaba a Hitler «el cabo bohemio», ¿lo sabías? También serán bohemias las cucarachas que a buen seguro se ocultan entre tanta inmundicia, pienso yo, pero no digo nada. Bohemias como Kafka y el señor Gregor Samsa. —Mira, éste es el cuadro —anuncia. La Última Cena, como me dijo. Hitler preside la mesa como un Cristo nazi, nuevamente. Con él están Himmler, Goebbels, Goering, Hess, Speer, etc. La plana mayor del nazismo. Me pregunto qué pensarían al verse como apóstoles hebreos. Seguro que no aplaudirían la ironía. Sofía me mira en silencio, como esperando mi opinión. Yo la miro también sin decir nada. Pronto estamos besándonos con ansia. Le levanto la falda y ella a mí la camiseta. No hay nada más bonito que una mujer desnuda, pienso durante un breve instante, pero no es momento de pensar. Acabamos en la cama, que ya no hay quien la arregle.
Sofía fuma un cigarrillo en la cama. Uno más para el cenicero repleto. Me mira y dice: —Oye, eso que has dicho antes de que el poeta es un fingidor. —Sí. —¿Lo decías por decir o es que escribes? —Escribo, me temo —respondo. —Sí, se te nota en la cara. El gesto de disgusto, quiero decir. Estaba pensando ahora que podríamos asociarnos. Hacer algo juntos. ¿No te gustaría escribirme una historia sobre nazis? Yo podría ilustrarla. —No sé yo si es mi tema. —Seguro que sí. El nazismo está lleno de matices. Y encaja con todo. La vida moderna está impregnada de ideas nacionalsocialistas. El culto a la juventud. La belleza sin mácula. Las masas vociferantes pero obedientes. La propaganda como dueña y señora del mundo. —Bueno —empiezo yo—, se me ocurre ahora que podría escribir uno sobre los nazis como grupo de rock. Ya sabes, por aquello que dijo Bowie una vez de que Hitler había sido la primera estrella del rock o algo así. —Sí, el nazismo y los Beatles se parecen bastante, ya te lo he dicho. De hecho, los Beatles también iban uniformados. Aunque sus uniformes consistieran en peinados y trajes de chaqueta y no en camisas pardas. —Pero el nazismo se parece más a un grupo de rock duro o punk. Piénsalo: la historia podría contarse como el auge y caída de un grupo llamado, por ejemplo, El Tercer Reich. El vocalista sería Hitler; Goebbels tocaría la guitarra y haría los coros; Himmler tocaría otra guitarra; Goering sería el batería (por el redoble de las bombas de la Luftwaffe); Hess tocaría el bajo. —¡Oh, me encanta! —Luego Hess deja el grupo y se va a vivir a una comuna hippie en Escocia. Bormann lo sustituye como bajista en el grupo. Pero la banda ya ha iniciado su decadencia, ya no están en el lugar más alto de la lista de ventas y comienzan las disensiones. —Los Aliados son la nueva moda —apostilla ella. —Al final, claro, todo termina como ya sabemos: Hitler y su novia se suicidan en el sótano de su casa combinando barbitúricos y armas de fuego. Puro rock and roll. —¡Sí! Escribe ese relato —ríe Sofía—; quiero ilustrar eso. Por favor. Escribo ese y le escribo otros durante el tiempo que somos amantes (sería exagerado decir que tenemos una relación o que somos pareja, cuando lo único que hacemos es follar y darnos ideas remotamente artísticas durante unos meses). Pero en fin, uno necesita una mujer para escribir. O quizá no, pero viene bien la excusa. Sienta bien tener una musa cercana que le inspire a uno. Esa lectora que uno tiene en la cabeza mientras está escribiendo.
Nos vemos esporádicamente. Siempre en su piso. De vez en cuando vamos a tomar algo, como si fuéramos los novios que no somos. Ella siempre en su papel de artista bohemia, sujetando la copa de vino con gran donaire, sentada elegantemente con las piernas cruzadas, fumando como un carretero, lo que desluce un poco, aunque también le da aire de actriz de los años cuarenta. —Yo quería ser femme fatale, ¿sabes? —me cuenta una vez—. Pero me quedé en mujer fatalista. —Yo quería ser enfant terrible —le respondo—, pero ya no tengo edad. Una mañana me levanté y al mirarme en el espejo descubrí que me había convertido en un viejo cascarrabias. Ella es una excéntrica, yo soy un loco. Nos entendemos. Una vez estoy duchándome cuando la escucho cantar en la otra habitación. Canta Do you love me?, de Nick Cave & The Bad Seeds. Algo en su voz me produce un escalofrío repentino. Suena distinta, como si no fuera ella, pero me sigue resultando familiar. Se me mete de buenas a primeras en la cabeza que es otra mujer, que cuando salga del cuarto de baño me voy a encontrar a una mujer de mi pasado. Luego pienso que en realidad no es así, sino que es todavía peor: no se ha convertido en una mujer de mi pasado, no, se ha convertido en todas ellas. Todas las mujeres de mi pasado me esperan en el estudio de una pintora de veintitrés años cantando temas de Nick Cave mientras yo me doy lo que en principio iba a ser una ducha como otra cualquiera. Pero cuando salgo sólo me encuentro a Sofía, que ya está cantando otra cosa, y no le cuento nada de esto.
Lo nuestro no dura mucho. Sólo nos une la casualidad y una inadaptación social que en su caso es puro elitismo. Los dos tenemos claro que ninguno de nosotros va a ser el leitmotiv de la vida del otro. Yo pienso todo el rato en un amor perdido (que no piensa en mí). No sé en qué piensa Sofía. Tal vez en Hitler, pero lo dudo. Quizá en absenta, láudano y tuberculosis. La vida bohemia. Le escribo un puñado de relatos más antes de despedirnos para siempre. Uno en el que Hitler supera la prueba de acceso para la Academia de Bellas Artes de Viena y se convierte en un reputado pintor austriaco. Años después, lucha contra la tiranía de la Alemania nazi gobernada por Goebbels, que quiere incorporar Austria al Reich. Hitler como héroe romántico, pues además le invento un romance con una artista judía. Le escribo también uno que luego convierto en varios. Hay infinidad de variaciones posibles. La idea central es que Hitler se va a Hollywood y se convierte en actor. Empieza como doble de Chaplin en escenas de acción, pero termina siendo una gran estrella de cine. Dependiendo de la versión, se convierte en actor cómico, galán o actor de terror. Así, por ejemplo, podría quitarle el papel de Drácula a Bela Lugosi. O bien ser el cómico más grande del momento, mientras Charles Chaplin lidera un movimiento fascista en Inglaterra. Con el sonoro podría llegar el final de la carrera de Hitler como actor a causa de su fuerte acento germano, o bien todo lo contrario: servirse de él para encarnar misteriosos galanes extranjeros. Hitler como Victor Laszlo en Casablanca. Inventar otros mundos, otras posibilidades. Escribir para explorar otros universos. Me promete que los usará como guiones para cómics. A mí me parece buena idea, aunque ya entonces sé que nunca veré los resultados. Pero es la pequeña huella que dejo en su vida. Nuestro idilio termina poco a poco, sin dramas, como acaban las relaciones que no nos matan de amor. Ella me combina con otros amantes. Yo la combino a ella con otros vicios. Nos vamos llamando menos. Nos vamos viendo menos. Nos vamos despidiendo más. Es todo natural. Unos cuantos meses después, me paso una tarde por una exposición de arte. Mi excusa son los canapés gratis. Entre obras de escaso interés (por mi parte, al menos), descubro un cuadro de Sofía en una pared. Es un retrato de Stalin representado como Dios Padre. Hay que renovarse, supongo.
Tuesday, May 15, 2012
En un banco del parque, encuentra un teléfono móvil. Todavía encendido, como si acabaran de perderlo. Busca en la agenda algún número que pueda ayudar a su devolución, algo como «papá» o «trabajo» y encuentra un contacto misterioso: «la mujer de tu vida». No «la mujer de mi vida», que habría sido más normal. Bah, la explicación es sencilla, piensa, será que el dueño del móvil se habla en segunda persona. ¿Pero no podría tratarse de una señal? El destino, que ha planeado todo esto para que él encuentre a la mujer de su vida. No, no, esto es una tontería, el destino es más sutil. Pero tal vez sea la dueña del teléfono quien lo ha planeado todo: quizá lo ha dejado en el parque para que lo encuentre un hombre audaz y la llame. Y él podría ser ese hombre audaz. Así que sin más dilación llama y le responde la voz de una señora: «por fin, ya pensaba que no ibas a llamar esta semana a tu madre».
Monday, May 14, 2012
—Inspector, tenemos un sospechoso. —¿Quién es? —La Muerte, señor. —¿Cómo dice? —Es la responsable de la ola de asesinatos, está claro. La autora intelectual, se podría decir. —No creo que sea fácil arrestar a la Muerte. Seguro que ni tiene domicilio fijo. —Eso es lo mejor, señor inspector: está ahora mismo en una celda. —¿Qué? —La detuvimos cuando merodeaba en la escena de un crimen. Quiso hacerse pasar por una ancianita que paseaba, pero la guadaña la delató. —No sé yo si va a ser posible procesar a la Muerte. ¿Qué dice el código penal de esto? ¿Se puede juzgar a alguien que no es legalmente una persona? —Tal vez puedan deportarla, al carecer de papeles. Ya sería un triunfo expulsar a la Muerte del país. —Sí que lo sería, pero vamos a tener que soltarla. —¿Qué? ¿Y eso por qué? —Piénsalo: la Muerte es responsable de todas las muertes, valga la redundancia. Tendríamos que considerar asesinatos los infartos, los accidentes, las enfermedades que se complican... ¿Sabes lo que aumentaría entonces la tasa de criminalidad? Mi ascenso se iría al garete, con todo lo que he luchado para conseguirlo.
Sunday, May 13, 2012
«No, no tengo miedo al olvido», le escribió a la chica. «Tengo tu tanga en un cajón y cuando lo miro me hace de magdalena de Proust».
Wednesday, May 9, 2012
Yo, damas y caballeros, no estoy acostumbrado a hablar en público. De hecho, esto me produce un pánico atroz. Me han aconsejado que me imagine a la audiencia desnuda, pero el problema es que no tengo mucha imaginación. Así, ¿podrían hacer el favor de desnudarse? Sobre todo las chicas guapas de la primera fila.
Sunday, May 6, 2012
«Bueno, y ahora que ha pasado un año, ¿con qué momento te quedas?», me pregunta ella. «No sé», le digo yo, «hay muchos», pero en realidad me acuerdo de aquella vez que le mandé rosas porque estaba triste y al recibirlas me dijo: «ya está, ya me has ganado, ya no tienes que hacer nada más». Fue sin duda un buen momento.
Friday, May 4, 2012
He matado al dragón. He ganado MálagaCrea.
Tuesday, May 1, 2012
Por decreto, todos los ciudadanos de este país nacen como criminales y no se les reconocen derechos, sólo deberes y obligaciones para saldar su deuda con el Estado. Por buen comportamiento, muy poco a poco, un individuo puede ganar derechos hasta que por fin deja de ser considerado un delincuente. Se convierte en un ciudadano privilegiado, alguien envidiado por el resto de la sociedad. Estas personas se muestran contrarias a toda reforma democrática, pues a ellas les costó mucho alcanzar el estatus de ciudadano libre. «Por qué mi vecino ha de tenerlo más fácil que yo», piensan. «Yo tuve que esforzarme mucho para conseguir mis derechos, que lo hagan también los demás». De esta manera, los esclavos son también esclavistas, lo que facilita enormemente el funcionamiento del Estado.
Sunday, April 29, 2012
Tus besos me saben a Asperger, le dice ella. Ya no me haces caso, nunca estás ahí, es como si fueras una carcasa vacía, una máquina sin fantasma. Antes tus besos sabían a café y sueños, aunque esto parecía un poco contradictorio, pues poco vas a dormir si tomas mucho café. Quizá era café descafeinado, contesta él con la mirada ausente y ella sale de la habitación dando un portazo.
Thursday, April 26, 2012
Yo, damas. Yo, caballeros. Yo. Yo soy el alfa y el omega de esta breve charla en la que pongo el mundo de la literatura a los pies de los caballos del Apocalipsis. Porque yo soy el epítome de las letras universales. Fuera de mí no hay nada. No existe una historia de la literatura, a no ser que yo me la invente. No es posible el futuro si yo no lo pongo por escrito. Pero recuerden que yo no escribo para cambiar el mundo, pues el mundo soy yo y soy inmutable.
Wednesday, April 25, 2012
Odio los árboles que hay en medio de las aceras porque rompen las parejas, dijo ella mientras paseaban.
Monday, April 23, 2012
La chica se mete en la cama y escapa de su ropa.
Saturday, April 21, 2012
Marta se enamoró de un traductor en un congreso de literatura y durante años compró los libros que éste traducía. Le gustaba leer las notas a pie de página para sentirse cerca de él y fantaseaba con encontrarse algún día algo así: «El autor habla de un arroz solar y juega con el parecido entre sunrice y sunrise (amanecer), algo intraducible al español. Por cierto, quiero aprovechar esta pausa para decirle a Marta que la quiero». Pero nunca sucedió.
Thursday, April 19, 2012
Un hombre con insomnio sale a pasear una noche. Andando por la calle se encuentra a una chica que le pregunta si puede acompañarle un rato. Bueno, contesta él, nos haremos compañía en el insomnio. Yo hace mucho que no duermo, responde ella. Pasean en silencio durante unos minutos, hasta que ella dice: —Cuidado, en esa esquina me maté. —¿En la esquina? ¿Es que eras prostituta? —Oye, fue porque la esquina estaba muy afilada y me corté. Me corté en dos, de hecho, al intentar doblar la esquina. Es lo que pasa por correr con tacones, que te caes. —¿Y por qué corrías? —Llegaba tarde al trabajo. —¿De qué trabajabas? —De prostituta, pero no tiene nada que ver con mi muerte. Le podría haber ocurrido a una bibliotecaria. —Si no te juzgo. —Ya, ya. Pues tienes el ceño fruncido, como si no aprobaras mi estilo de vida. O de muerte. —Es la noche, que a todos nos da un aspecto severo. —También a las putas. —También.
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